Entre las paginas de este libro no sólo esta la vida de Edward Wood Jr. sino que también podemos pispiar la vida de las estrellas que estuvieron involucradas en la cinematografía de, como lo galardonaron en los Golden Turkey Awards, “el peor director de todos los tiempo”.

A medida que se va leyendo, uno puede enterarse de grandes datos o mínimos como a donde estaba ubicada su pequeña productora.

A su vez nos hacen una breve biografía sobre sus máximas luminarias, como eran antes de el, contando sobretodo sus miserias y en la época de decadencia que les toco a algunos como al querido Bela Lugosi.

Esta estrella, muy imporante en la vida misma de Ed Wood, ya estaba acabado cuando fue contratado, como así también la mitica Vampira. Esta mujer de estrecha cintura estaba de alguna manera relegada del circulo cinematogafico, como del televisivo.

De alguna manera todos los que participaron en sus Films, hoy en día de culto, se dieron paso por largos años al rincón de los olvidados y, por que no decirlo, de malos actores.

Después del recorrido por sus estrellas este libro se adentra en como Ed Wood conseguía películas con guiones delirantes, pulpos mecánicos que nunca andaban, varios trucos de montaje, y a sus diversos trucos publicitarios, obviamente analizando cada una de ellas.

El relato empieza con “Glen or Glenda”. Como crear la gran expectativa con un trailer que no sugería nada, solamente un cirujano. Nadie sabia de que se trabata el film, dos nombres parecidos entre sí pero no mucha mas información. Eso era la película, un hombre que se transforma en una mujer, pero el tema es ¿Qué pasa con su vida?

De esta, después de un largo recorrido, llegamos a la decadencia total de Ed Wood. Un gran capitulo para el cierre de este maravilloso libro, que en sus pocas paginas, puede resumir tanto sin perderse detalle.

Ed Wood: Platillos volantes y jerseys de angora
142 paginas
ISBN: 84-95602-97-0
Esperando la carroza 2, es un poco… desilusionante. Después de tantas idas y vueltas, de actores que se van y que rechazan el proyecto, el director Gabriel Condrón tomo las riendas de esto y lo filmo con quienes quedaban.

Nadie esperaba los monólogos de China Zorilla diciendo que la vecina era una copiona o que Andrea Tenuta diga con fuerza y claridad que la señora de al lado los mandaba a la mierda.

Rara vez las segundas partes son buenas y esta cumple la regla a raja tabla. No solo que no esta compuesta por los personajes más ricos de la primera sino que suma nuevos con un desarrollo un tanto pobre, por no decir ninguno.

La historia se da en una casona perteneciente a Betiana Blum y, la entrada simula al Partenón, con un toque muy típico de los “nuevos” ricos de los ‘90s en la Argentina. Mucho kitch, mucho grotesco hace que todo se empaste con colores fuertes y quede en una masa amorfa y sin sentido.

Eso es lo que es… un sin sentido absoluto. Cuando esperamos la verdadera acción, sale un cartelito muy colorido que dice “fin” y uno se queda… así, con la boca abierta, no por lo
asombroso que vio sino que por lo mal contada que esta.

No solo esto, sino que también uno se da cuenta que con dos o tres insultos tratan de conformar a la gente en una risa cómplice como expresando “lo dice como yo”. Pero todo no es tan fácil con el espectador, por que después de esos pocos rato de mínimo goce, no hay otros.

Los dos personajes nuevos que se incorporan nacen prácticamente de un repoyo, solo sabemos que ambos están bien dotas y son más fáciles que la tabla del uno. Obviamente que los dos anfitriones de la casa, sin hijos, los quieren seducir con sus encantos físicos.

Tenemos al personaje de Susana (Mónica Villa), más nervioso, que ahora hace yoga y por ende esta muy calmada. ¿Cuál es la gracia de eso? Prácticamente nada. En un momento de la película se pone muy loca y la vemos nuevamente alterada, pero con tanto preludio y un sinfín de idioteces de por medio ya el espectador se canso.

De esta manera Esperando la Carroza 2, a no olvidarse de este gran detalle, es una de las peores películas del año y quizás también una de las segundas partes más ineficientes que hay.