Después de una década de no hacer otra cosa que dedicarse a dirigir las adaptaciones de Spiderman, Sam Raimi vuelve a su genero favorito, en esta oportunidad con una película escrita junto con su hermano Ivan, hablamos de Drag me to Hell.

Los hermanos Raimi empezaron a concebir la idea original de esta peli hace casi 10 años, entro a producción con el nombre The Curse.


La idea original era contar una moraleja sobre alguien que quiere ser una buena persona, pero debido a una mala decisión , terminan pagando por el precio de su codicia. Cabe destacar también que toma varios elemento de una película inglesa de finales de los 50, llamada Night of the Demon.

A diferencia de sus films anteriores, en esta oportunidad los hermanos Raimi querían hacer una película apta para una audiencia mas amplia, y no llevada exclusivamente por el gore.

Apenas termino el primer boceto del guión, Raimi quiso empezar a filmarla, pero fue en ese momento que firmo para dirigir las adaptaciones del hombre arácnido, pudiendo retomar el proyecto recién a finales de 2007.

Sorprende bastante ver una peli de Raimi con los avances tecnicos de estos días (olvidemosnos de las de Spiderman, que aunque dignas -destacándose la primera- no son para nada representativas de lo que puede dar Raimi como director). Y aunque nos da casi todo lo que esperamos de ella, digo con esto una historia sencilla, unos personajes estereotipados pero resultones y todos los cliches del director -infaltables los espectros voladores que salen de la nada y atacan locamente, la cámara en primera persona y la violencia que sangra pero no duele- pero falla en algo fundamental: es exasperantemente predecible.

Y eso pesa en cualquier película, sea de genero o no y perjudica notablemente a esta obra, que Raimi nos sirve masticada tragada y digerida, pero conservando esos detalles de los que gustan tanto sus fanáticos y que lo convirtieron en el director de culto que es hoy día.


Alicia empezaba a sentirse muy aburrida de estar sentada junto a su hermana a la orilla del río, y de no tener nada que hacer. Había curioseado una o dos veces en el libro que su hermana leía, pero éste no tenía ilustraciones ni diálogos, y "¿para qué sirve un libro sin ilustraciones ni diálogos?", Penso Alicia.

De manera que estaba considerando ( lo mejor que podía, porque el día caluroso la tenía muy somnolienta y atontada) si el placer de tejer una guirnalda de margaritas valdría la molestia de levantarse y recoger las flores, cuando súbitamente pasócorriendo a su lado un Conejo Blanco de ojos rosados.

No había nada excesivamente extraordinario en eso. Ni Alicia consideró excesivamente extraordinario oír que el Conejo se decía:
-¡Ay, Dios mío! ¡Ay dios mío! ¡Llegaré demaciado tarde!
(Cuando pensó que el asunto tiempo después, a Alicia se le ocurrió que debería haberse maravillado; sin embargo, en aquel momento todo le resultó perfectamente natural.) Pero cuando el Conejo realmente sacó un relos del bolsillo de su chaleco, miró la hora y apuró la carrera, Alicia se levantó de un salto, por que comprendió de pronto que nunca había visto un conejo con chaleco, ni con un reloj para sacar del bolsillo del chaleco; y ardiendo de curiosidad, corrió tras él a través del campo, justo a tiempo para verlo desaparecer en una gran conejera bajo el cerco.

Alicia lo siguió en un instante, sin detenerse un momento a considerar cómo iba a arreglarse para salir de allí.